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lunes 22 de junio de 2009
miércoles 10 de junio de 2009
Cuenta nueva

miércoles 25 de febrero de 2009
Perro Gigante - Verano 2008
Después de unos meses de combate atroz con la tecnología, hemos conseguido colgar los vídeos del último concierto veraniego (¡Gracias Luisa!). A punto ha estado de perderse este documento histórico, valiosísimo para que las generaciones futuras entiendan la música popular (moraleña).
Podéis ver el resto de vídeos aquí
Me asaltan algunas preguntas:
¿Por qué llevo esa peluca en la cabeza?
¿Por qué nadie me ha dicho que canto fatal?
¿Por qué no se me ocurrió afinar la guitarra, o mejor, aprender a tocarla de una vez?
Quique ya está preparando un repertorio para el próximo verano, está afilando las caderas el tío. Y Paco está entrenando a Bubi con su mini-guitarra. ¡Puede ser brutal!
(Pero que cante otro, por favor)
¡Perro Gigante!
Edit: Qué malos somos pero qué divertido es tocar nuestras canciones favoritas (aunque acaben destrozadas)
Y qué grande:
Y qué bonitas las letras de Los Planetas:
Quiero que sepas que ya me esperaba
que esto ocurriera y que no pasa nada,
sólo me da la razón;
y que he estado aprendiendo
de cada momento que he estado contigo.
Y pienso aplicar contra mis enemigos
tus tácticas sucias de acoso y derribo,
que también he sacado algo bueno
de todo este enredo.
Y quiero que sepas que espero que acabes colgando de un pino
cuando veas lo imbécil que has sido,
cuando veas que lo has hecho fatal.
Y que quiero que sepas que ha sido un infierno,
estando contigo
el infierno es lo más parecido,
te pareces un poco a Satán.
Quiero que sepas que me he acostumbrado
a tus putas escenas de "ahora me largo".
Lárgate ya de verdad que sería una suerte si no vuelvo a verte en los próximos años.
Por mí que podías tirarte de un tajo
que ya lo que hagas me trae sin cuidado.
Si me pongo a pensarlo un momento
creo que lo prefiero..
Así que ya sabes que espero que acabes
pegándote un tiro
cuando veas lo imbécil que has sido,
cuando veas que lo has hecho fatal.
Y que quiero que sepas
que ha sido un infierno, estando contigo
que por poco no acabas conmigo,
pero soy difícil de matar.
Y que quiero que sepas
que ha sido un infierno,
estando contigo
el infierno no es tanto castigo,
te pareces bastante a Satán.
sábado 21 de febrero de 2009
Contra Jaime Gil de Biedma
De qué sirve, quisiera yo saber, cambiar de piso,
dejar atrás un sótano más negro
que mi reputación -y ya es decir-,
poner visillos blancos
y tomar criada,
renunciar a la vida de bohemio,
si vienes luego tú, pelmazo,
embarazoso huésped, memo vestido con mis trajes,
zángano de colmena, inútil, cacaseno,
con tus manos lavadas,
a comer en mi plato y a ensuciar la casa?
Te acompañan las barras de los bares
últimos de la noche, los chulos, las floristas,
las calles muertas de la madrugada
y los ascensores de luz amarilla
cuando llegas, borracho,
y te paras a verte en el espejo
la cara destruida,
con ojos todavía violentos
que no quieres cerrar. Y si te increpo,
te ríes, me recuerdas el pasado
y dices que envejezco.
Podría recordarte que ya no tienes gracia.
Que tu estilo casual y que tu desenfado
resultan truculentos
cuando se tienen más de treinta años,
y que tu encantadora
sonrisa de muchacho soñoliento
-seguro de gustar- es un resto penoso,
un intento patético.
Mientras que tú me miras con tus ojos
de verdadero huérfano, y me lloras
y me prometes ya no hacerlo.
Si no fueses tan puta!
Y si yo supiese, hace ya tiempo,
que tú eres fuerte cuando yo soy débil
y que eres débil cuando me enfurezco...
De tus regresos guardo una impresión confusa
de pánico, de pena y descontento,
y la desesperanza
y la impaciencia y el resentimiento
de volver a sufrir, otra vez más,
la humillación imperdonable
de la excesiva intimidad.
A duras penas te llevaré a la cama,
como quien va al infierno
para dormir contigo.
Muriendo a cada paso de impotencia,
tropezando con muebles
a tientas, cruzaremos el piso
torpemente abrazados, vacilando
de alcohol y de sollozos reprimidos.
Oh innoble servidumbre de amar seres humanos,
y la más innoble
que es amarse a sí mismo!
.
martes 17 de febrero de 2009
Complemento Régimen
ante mí
como un funcionario en la batalla.
Bebo café
como quien tiene un hijo de encargo
con una disposición ciega,
acaso ingenua,
con
una simpleza digna de condena (esta condena).
Pródigo.
Somnoliento.
Abatido.
Como arena que nace en un cuerpo gastado,
que nace en una boca
a borbotones
secando memoria y asfalto.
Paso la vista por el periódico del bar
soy una taquígrafa que olvidó los dedos en el aseo.
Atiendo a clases
como un fakir que come carne
solamente
para lacerarla después.
Vivo, en fin,
.. mi vida es un ejercicio ascético
..... de extrema pobreza
......... de desamparo luminoso,
un trébol
.... en el desayuno,
......... solo,
bajo el fluorescente que parpadea para darme latidos,
.... para servirse, indulgente, de mí.
Mi marea (personal, dubitativa)
.... es la que abraza mis pulmones
......... la que los aprieta como un fuelle lento
y es todo lo que necesito
........es todo lo que voy a llevar conmigo.
Desnudo, hago acopio de piel, acopio de hambre (florecida de amargura parda)
.. y me entrego
....... y entro
en el desierto
........ para vivir deslumbrado,
................. para yacer en una poza (precisa, vigilante siempre)
hasta la noche.
sábado 14 de febrero de 2009
Todos a bailar sin preguntar por qué
.
.
No sé vosotros, pero yo este año me salto la primavera, ¡¡¡ya estoy en verano!!!
.
El curioso caso de Benjamin Button
miércoles 11 de febrero de 2009
San Blas 2009
De la noche de Candelaria, la víspera de San Blas, sólo recuerdo a Aurelio con la nariz blanca. Para celebrar su cumpleaños se trajo una bolsa sorpresa con drogas varias, él se cebó con la coca. A las dos horas de que empezara la fiesta, Aure estaba encima de una pecera, dando botes y con una maceta en la cabeza. Según me han contado desupés, yo le di al ácido y toda la noche estuve pasando la lengua por las superficies que se me ponían por delante: la metí en la copa de Ángel, la metí en el pelo de una rubia, la metí en la boca de Arturo, la metí en un cenicero lleno de colillas... parece ser que iba diciendo "¡estoy saboreando los colores tío, esto es la hostia!". No me acuerdo, de verdad, pero por lo visto acabamos a las 6 de la mañana meando desde el tejado del ayuntamiento.

Amanecí en casa de Ángel con un ramo de margaritas atado con cinta aislante al cuello y sin poder abrir los ojos. Si lo hacía sentía como si me echaran ácido hirviendo con cristales y clavos. Así que durante unas horas no los abrí. Esther era la que llevaba las drogas, como es camella hizo el agosto en San Blas, es una lince para los negocios esta chica. Se fue mucho antes de que Ángel y yo nos despertáramos. Él se pasó toda la noche bebiendo sidra y se despertó con la lengua roja y el hígado como un balón de reglamento. No estábamos en condiciones de conducir así que hicimos dedo hasta San Blas (que está a unos 3 kilómetros del pueblo). Nos cogió un matrimonio de metodistas noruegos que se dirigían a la iglesia metodista de Santa Cruz de Mudela. No sabía que hubiera metodistas en Santa Cruz y tampoco sabía que tuvieran un precepto según el cual las esposas que no se han quedado embarazadas al tercer año, tienen que cepillarse a todos los autoestopistas que se encuentren en su peregrinaje. Ángel dijo que no follaba antes de beber, así que me tuve que tirar a la metodista en la parte de atrás de la furgoneta. Como estaba ciego no vi cómo era, pero, como seguro queréis detalles: tenía tetas como berenjenas y cuando se corrió emitió un suspiro agudo, como una tetera hirviendo; la verdad es que esos 3 kilómetros hasta la ermita de San Blas dieron para mucho.
Cuando llegué, mi ceguera no me impidió ponerme hasta el culo de todo lo que había allí. En un extremo de la mesa estaban los depresivos, al lado los estimulantes, más allá lo opiáceos y por último los alucinógenos. Empecé con una cervecita fría, porque, uno tiene dignidad después de todo: me gusta desayunar suave.
Poco a poco, con el humo de la maría que se fumaba Luisa, se me fueron abriendo los ojos. Lo primero que vi fue a Paco y a Cristina que se preparaban un chute. Cristina se inyectó primero y luego pinchó a Paco porque estoy seguro de que iba tan pedo que no encontraba la vena (nada nuevo; por otra lado, qué pareja tan ideal).
Pronto se hicieron grupos: los que se metieron coca y éxtasis se subieron al techo de la furgoneta a bailar pasodobles con una energía febril. Los que le dieron a la maría y a los hongos daban algunos pasos lángidos alrededor del fuego y luego se dejaban caer en las sillas de plástico.
Yo, por mi parte, empecé lamiendo un sapo hasta la hora de comer. Entonces asé el sapo y me lo comí. En adelante me sentí raro y lo único que pude hacer fue fumarme unos chinos con Thierry y tomarme un cubata de peyote con limón que me dio ganas de arrancarme el brazo, y casi lo consigo.
Aurelio dijo que sólo fumaría crack porque no estaba muy allá, Jorge se inhaló un bote de popper y se saltó la tapia de un suspiro, Su hermana Elvira se comía una anfeta tras otra, con un vasito de single malt para pasar las pastillas, María Gallardi se ralló por no sé qué movida con una garrafa de queroseno, A Amara se le ocurrió echar orégano y lejía en su destornillador, Isabel y Aure compartieron una pipa de hachís como buenas hermanas, Quique cortaba el jamón casi a la misma velocidad que se lo comía (y con ese bailecito de caderas) y Noe was in the mood for LSD, Richi esnifó aceite de motor, Bea picoteó un poco de todo, Ton bebió pintura acrílica y Miguel no sé qué coño hizo, desapareció con las palomas cuya sangre nos íbamos a beber después del café.
Arturo fumó de todo: Winston, Marlboro, Fortuna, Partagás, Ducados... y se puso fino de tinto. Todos le recordamos que eso podía matarle pero le dio igual.
Cuando anocheció se me ocurrió dar una vuelta por otros hatos. Para mi sorpresa nadie se drogaba, o al menos lo hacía con una moderación tan pacata que me sentí en un jardín de infancia. Justo en la entrada a la plaza (el recinto junto a la ermita destinado a la celebración: comer y beber) me encontré a una chica esnifando pegamento. La invité a un poco de cristal y fuimos a sentarnos junto al río. A medida que nos alejábamos del ruido, de las voces de los borrachos, de la música estridente de la charanga, el murmullo del agua nos iba envolviendo, como en el vestíbulo de un teatro, cuando se oye una música incierta, blanda, difuminada, que parece venir de ninguna parte. Nos sentamos en la hierba. Corría un aire frío que removía el agua así que le pasé un brazo por encima, ella se acurrucó a mi lado. Le aparte el pelo de la cara. La hierba no estaba tan mojada, ni el aire era tan frío, y la música, a lo lejos, nos aseguraba que lo que hacíamos no sería oído ni visto. Tuvimos la seguridad, en la oscuridad de la noche, con una certeza calma, de que no importaba demasiado eso que estaba pasando y que quizá, cuando volviéramos y los demás nos sonrieran, nada de lo que había pasado sería recordado. Por nadie.
